
He seguido durante algunos días la diatriba, o mejor dicho, el jaloneo que se dió entre los poetas de Circulo de Poesía y Letras Libres, entre algunos de los autores de la antología de poesía mexicana titulada El Manantial Latente, y uno que otro revolcado, apartir de la publicación en cada una de los respectivos portales y de la circulación por correo electrónico de sendos poemas ofensivos para unos y otros, sean quienes fueren los agraviados, además de alguna imagen donde, cual adolescentes anodinos, boquitas pintadas y garabatos dolosos pretendían ofender a un grupo de poetas.
Evaluando la situación y con algunos días rondándome en la cabeza y en la superficie del estómago una incómoda molestia, me vienen algunas palabras: enojo y pena. Por medio de Facebook me llegó una carta abierta a Mario Bojórquez, reclamando una bandera que le quedaba grande a su patético heroísmo al grito de "libertad" y "revolución poética". Hace varios años que mi desencantado me llevó a dejar esos circulillos literarios donde cada uno aporta panfletos de independencia, rebeldía, libertad literaria, renovación, audacia, desparpajo, etc. Y la verdad es que ni los que leemos o estamos al tanto de la poesía mexicana o escribimos fuera de esta viciada atmósfera, hemos encontrado algo digno de recordar. Claro que hay sus excepciones. Pero no son excepciones que encontremos en estos portales.
Me resulta lamentable que no se haga una crítica real de la poesía. Hay, en cambio, descalificaciones o integraciones a la nómina respectiva de cada bando, todo esto dotado de crítica seudoerudita, seudoprofunda, seudobjetiva, seudonacional, seudoliteraria. Hay resúmenes, insultitos, tomas y dacas, pleitos de cantina, y no una construcción de la base de una poesía nueva.
¿Para eso leen? ¿Para presumir de sabios y doctos y publicar libritos que nadie compra? ¿Hacerse el poeta vestido de crítico y confundir la imprudencia con la ignorancia?, la audacia literaria con el albur? ¿Para reírse a medias de lo que no pueden hacer? ¿Para reírse mediocremente de la mediocridad de los otros poetas?
Aquí cabe: la ignorancia del impotente, la del envidioso, la del patibulario socarrón.
En fin, lo anterior sólo es para desquitarme la espuma de no poder escribir sobre el tema.
Leí hace tiempo unos párrafos de Pessoa donde habla sobre la fama: estorba, es vulgar, etc... A Pessoa nadie lo concocía en aquel momento, tenía 27 años. Hay que releerlo antes de traducirlo.
Por otro lado, sin tener la necedidad de dar nombres, porque no es mi obligación juzgar la decadencia inevitable, me he topado con la descalificación de personajes de cada "bando", sin embargo, a pesar de mi desconcierto, me he percatado de las censuras de los "libertarios", que al momento sospecho que sería más correcto llamarles "liberales" y nada "libérrimos": tache, sonrisas irónicas, descalificación sin argumentos, envidias y tirria es lo que he visto. No invento nada, no necesito inventar nada ni acusar para infamar, me ha tocado su auroral infamia.
Por otra parte, el tapón que ha impuesto el grupo "institucional" es bien conocido, amiguismos, clasismos, padrinazgos, etc. Así que ni a cual irle.
Pero acostumbrado a lo que es la esencia de este país, me quedo sin palabras.
Lo único que en realidad me enfurece y me saca bilis, es que hablen de apertura y libertad o erigan el estandarte de poetas y críticos objetivos, siendo que se dejan llevar por el más viceral de los viceralismos.
Ambos grupos disfrutan del amparo de sus mecenas y de instituciones que se supone respaldan su trabajo, el cual al parecer de varios, no existe, no es real, es una fantasía que ellos mismos ya se creyeron. No existe el diálogo poético ni literario.
A mi me preocupa: ¿de qué hablarán estos poétas que no hacen nada más que leer y disfrutar de becas? ¿a quién le hablan? ¿será a ésa humanidad que dicen universal que de tan universal se volvió polvo cósmico?
Todos y cada uno quiere su partida, su tajada, pero a mí me sigue preocupando: ¿Algún día vendrán a quejarse por que quieren aguinaldo? ¿Su día de Reyes? ¿Asueto por incapacidad emocional?
¡Que me lleven los Demonios si esto sucede!
Que los pongan a trabajar y escriban de eso. Que les cueste leer.
Así como se han inventado rebeldes sin causa en el mundo del arte contemporáneo para encausar el mainstream, ¿así poetas rockstar? Que ya pululan por ahí, no se deje engañar. Me recuerda esa palabra decimonónica: poetastro. ¿Será este el final de nuestra literatura? Si es el principio, no quiero esperar el final.
La debacle se puede seguir en las notas publicadas por Heriberto Yépez, Ernesto Lumbreras, Alí Calderón, etc. En el periódico Milenio.





